Estoicos y Cínicos

Distrito Efímero · Medellín, Colombia

Estoicos
y cínicos

¿Tienen las lágrimas un lugar o tiempo?

Cincuenta y dos objetos encontrados, cada uno una lágrima a la que por fin se le da forma, nombre y lugar. Un inventario íntimo para todo aquello que un oficio estoico no permite llorar.

Laura Morales Ramírez — 16 al 19 de julio, 2026
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La obra Estoicos y cínicos
¿Tienen las lágrimas un lugar o tiempo?

En mi ingenua juventud tenía este imaginario donde los médicos eran héroes: incorruptibles, imparables, sabios y compasivos. Seres sobrehumanos dignos de pertenecer a un panteón junto a Quirón o Asclepio. Ahora, ejerciendo esta profesión, me he dado cuenta de que no hacemos parte de un panteón, sino que vamos llenando un panteón con muertos. La pregunta sería ¿son estos nuestros muertos cifras que van siendo borradas de una hoja de cálculo? Ser demasiado emocional o cercano con los pacientes conlleva una carga emocional y psicológica adicional, que no hace parte de nuestra formación, ni recomendada en el ejercicio de nuestra profesión.

Los galenos en su mayoría se han planteado una posición estoica donde se acepta lo inevitable, lo que está fuera de control sin perder la compostura por una emocionalidad innecesaria. Pero llega un punto en el que este estoicismo clásico ante el dolor ajeno se va convirtiendo, la mayoría de forma inadvertida, en cinismo moderno. "Lleva la cuenta de tus muertos", fue el consejo de mi abuelo cuando le conté que estudiaría medicina. Ahora, en medio de una crisis, se acumulan los cuerpos por razones completamente ajenas al pensamiento hipocrático o al principio de primero no hacer daño.

Me encuentro en una posición donde parezco más una marioneta que es presentada al público para prometer la falsa esperanza de que llegará la ayuda. La realidad es que la vida vale muy poco para una maquinaria insaciable y hambrienta de poder. ¿Qué puedo hacer ante esta situación? Aceptar todo lo que está fuera de mi control, acumulando uno a uno mis muertos en el panteón, abandonar mi profesión y cruzar los dedos para que mi reemplazo sea un estoico y no un cínico, o transformar lo que soy y siento. No soy Marco Aurelio: me encuentro incapaz de simplemente aceptar el destino de lo que es y será. La rabia y la frustración que me invaden terminan en lágrimas de impotencia y termino sumergida en la más profunda desesperanza. Aunque en la práctica médica hay grandes estoicos, veo con angustia cómo muchos de mis colegas creen serlo en esta situación, cuando la realidad es que no han detallado los rasgos de cinismo en su semblante.

Me aterra la idea de dejar de sentir, pero sentir demasiado es una elección autodestructiva en una línea de trabajo donde la naturaleza de lo inevitable domina. En uno de esos momentos en el que me sentí incapaz de mi propia angustia, hui de mi consultorio para recorrer sin rumbo las calles del centro, para poder llorar, porque hay una ley no escrita que repele las lágrimas de los galenos dentro del hospital. Vagando en esas calles llenas de contrastes, donde en segundos se pasa de la más profunda pestilencia al olor de hierbas dulces y palo santo, me encontraba obnubilada, sin estar segura de qué sentir o hacer, y me topé con un anticuario que parecía más una bodega que acumula objetos olvidados, desgastados o incluso inútiles. Encontré en estos objetos una resonancia, ya que en esta sociedad rota no soy más que otro instrumento inútil.

Fue en el anticuario de don Alberto y su hija Milena donde me encontré con esas lágrimas polvorientas, y se me ocurrió darle una forma material a mi falta de estoicismo y miedo a ver en el espejo a un cínico más. Empecé a buscar estas lágrimas por todas partes. Pero como dice sabiamente doña Edilma: "las lágrimas están escasas en el centro". Sé que no lo dijo con esta intención, pero mientras regañaba a Lunes, su perro, por intentar cruzar solo la calle, y preparaba un tinto dulzón para su esposo Manuel, fui aturdida por un pensamiento: hago parte de una sociedad anestesiada de forma profunda y a la vez inadvertida, que ya no tiene lágrimas para llorar; se han cristalizado, quedando suspendidas en el tiempo en algún lugar olvidado, donde van siendo difuminadas por cientos de estímulos vacíos y una necesidad casi patológica de ser siempre inmutable y productivo.

No soy la primera en notar el estupor en el que nos encontramos, y no seré la última, por lo cual esta obra solo busca darles un lugar y un momento a las lágrimas olvidadas. Lágrimas de angustia, frustración, ira, amor, alegría, sorpresa, realización o pérdida. Solo busco una expresión tangible de que tengo y tendré lágrimas para llorar por mis pacientes que están aquí, o eternamente, en el panteón que guarda mi corazón.

Estoicos y Cínicos reúne cincuenta y dos piezas rescatadas de anticuarios del centro de Medellín: objetos olvidados a los que por fin se les dio un nombre y un lugar, como quien encuentra dónde guardar una lágrima.

Fecha 16 – 19 de julio, 2026
Lugar Distrito Efímero — Medellín
Horario Por confirmar
Horario Por confirmar
Entrada Libre
Obra 52 piezas — escultura experimental
LMR
Medellín, Colombia

La artista

Laura Morales Ramírez

Oncóloga radioterápica con énfasis en radiocirugía y especialista en intervención creativa, radicada en Medellín. Su práctica clínica —el hábito de medir con exactitud lo que el cuerpo no puede nombrar— se traslada a su trabajo con objetos encontrados: relicarios, broches, espejos y piezas domésticas intervenidas para sostener historias de duelo, devoción y memoria.

Estoicos y Cínicos reúne 52 piezas que funcionan como un inventario íntimo: cada objeto lleva su nombre propio, como si la emoción por fin tuviera un lugar donde quedarse.